martes, 23 de abril de 2013

Tras el volante



En el mes de septiembre del pasado año, se me ocurrió que era la hora de dejar de ser copiloto y empezar a ser piloto, el sentarme detrás del volante y desde ese momento hasta hoy ha sido una travesía.
Miraba en la televisión a diferentes chicas manejando, con plena libertad, seguridad y lo hacían de forma tan natural que daba envidia, por lo que me dije tengo el auto el noventa por ciento del tiempo estacionado fuera de casa porque mi marido lo saca poco y nada y yo no salgo por qué no sé cómo usarlo, me decidí le mencioné la idea a mi esposo y como todo buen hombre que es, me dijo al unísono: "yo no seré profesor de manejo prefiero pagarte el curso y que otro te enseñe", lo cual me pareció bastante acertado de su parte porque soy todo lo que es un nudo de nervios y no me imagino manejar con la presión de chocar el auto familiar. Dicho esto me apunté en clases, tuve la suerte de tener un muy buen profesor, se llamaba Felipe, era sumamente simpático, agradable, con una paciencia realmente envidiable, el auto era un Chevrolet Spark del año, en otras palabras una cajita de fósforo, lo cual ayudaba completamente a calcular espacios y a sentirlo comodísimo,  aprendí rápido, salvo uno que otro detalle pero al tener al profesor con los pedales propios al lado mío, me hizo sentirme segura del todo porque sabía que en caso de cualquier evento el presionaría el freno por mi , en fin, así fue como aprobé todo incluso el test escrito con un 100% es que acá en Chile al menos es un chiste el cuestionario buena memoria y estas al otro lado, bueno el práctico aprobado y todo bien, todo bien hasta que llego el gran día, el día de tomar mi auto, que es un auto estilo sedán, o sea más amplio, largo, con artos años más de trote que el auto escuela, y sin los pedales de ayuda al lado del copiloto, es más sin mi profesor al lado, uff, del terror. Todo lo “Rápido y furioso” se desvaneció de mi actitud, sentía todo extraño, todo. Con un susto que casi se transformó en pánico, saque el auto junto a mi marido por primera vez, el trataba de mostrarse relajado, mi papá que no subió con nosotros me puso más nerviosa con su atinado “ten cuidado no vayas a atropellar a nadie que ahí sí que te metes en el medio enrollo”, ¡Quien puede decirte algo así antes!, supongo que es su manera de decir “tranquila no más”.
Me sentía un punto adentro del auto, salí, mi marido increíblemente se empezó a relajar a medida que las cuadras pasaban a uno por hora y yo empecé a tranquilizarme. Me tomó varias semanas atreverme a sacarlo sola, todos me decían que era práctica, aún recuerdo que vez que bajaba del auto el hombro y los antebrazos me dolían terriblemente, hasta que comencé a comprender que era verdad, la práctica hace al maestro. Con todo el miedo del mundo lo sacaba igual una y otra vez, para cualquier cosa, me ofrecía a manejarlo siempre que salíamos, y buscaba y buscaba maneras de practicar y practicar y sin darme cuenta el dolor de estómago se iba pasando, el dolor de hombro y brazo también, ya los rollos de mi cabeza que me mostraban todas las formas en que mi viaje saldría mal desapareció, incluso ya bajaba el vidrio de mi ventana apretando el botón y cambio la radio, incluso miro a mi alrededor. Aún se me para el motor a veces, o cosas normales de los recientes automovilistas si he pasado por varios “guatazos” como “cunetearme”, estacionarme a dos cuerpos de la vereda, que se pare el motor en reversa, salir de los peajes sin el cambio adecuado, y etc.

Supongo que estoy lejana a sentirme como Letty (la novia de Toretto, en rápido y furioso), aun las calles nuevas me asustan, pero lo enfrento igual y al ver que no es terrible me tranquiliza, así que de todas maneras recomiendo aprender, es práctico, cómodo y la verdad que si aprendí a sacarlo a la calle yo que soy la “neura personalizada” todos podemos.

miércoles, 10 de abril de 2013

Adiós Emilio



Anoche me enteré de que un amigo había desaparecido el día domingo con su bicicleta en el cerro San Cristóbal ubicado en  Santiago de Chile, y al día miércoles no se sabía nada de él, hasta que lamentablemente luego de buscarlo lo encontraron fallecido entre los senderos. Mi amigo Emilio había dejado este mundo entre la naturaleza que tanto amó.

Lo conocí cuando estudiamos Medio Ambiente por allá en el año 2002, vaya como pasan los años, mi amigo Emilio, una persona increíble, no lo digo porque ya no esté aquí, sino porque era de esas personas con ideales, con  un profundo sentido de la amistad, era cálido, siempre te hacía sentir cómoda, era un gran oyente y consejero, un amigo en todo el sentido de la palabra.

Durante la carrera hicimos una buena amistad, los primeros carretes universitarios, míos al menos, los viví con el grupo de amigos y él. Creo que era la única que le temía a su gata Luna (“Gracias papá” por enseñarme la desconfianza más absurda, los gatos) pero llegó un carrete que al despertar en la mañana la gata despertó durmiendo relajadamente a más no poder sobre mi cabeza (Sí, literal), aun recuerdo que cuando desperté el Emilio se reía mucho porque decía que la Luna me quería demostrar que era un amor pero que yo tenía que darme la oportunidad de interactuar con los gatos ó específicamente con su Luna, en resumen entre su gata y él lograron que la terminara acariciando feliz de la vida sobre mis piernas, si al fin y al cabo ambas habíamos compartido cómodamente el sillón de la casa.

Tengo mil historias con el Emilio, mil sensaciones con él, en el buen sentido, era un alma especial, siempre voy a recordar esas sonrisas coquetas que eran tan naturales en él, pucha amigo, como encontrar consuelo, admito que hablamos hace más de un año la última vez, me arrepiento de no haber estado más presente, como debimos haberlo hecho, porque no me sentiría culpable de no valorar más todo, me faltó agradecerte muchas cosas, aun me acuerdo cuando me aconsejabas y me hablabas de cómo me ahogaba en vasos enanisimos de agua, te tengo mucho cariño, no quiero olvidar nunca los recuerdos que tengo ahora en mi mente, no quiero que nada los borre, te fuiste, te adelantaste a todos nosotros que veremos tu despedida, pero estoy feliz de saber que si dejaste este mundo, lo hiciste donde querías, en el pulmón más grande de la colapsada ciudad, ahí en la naturaleza que tanto querías y protegías. Para mi eras una maravillosa persona y creo que con lo que he escrito no he alcanzado ni el mínimo porciento de lo que siento y de lo que eres, te pido disculpas por qué marcaste mucho en mi vida, sin tú saberlo y creo que ni yo lo sabía hasta hoy, y no creo estar expresándolo como debería hacerlo, pero es que escribir con esta pena, con el pecho hecho un nudo, lágrimas en los ojos, es demasiado complicado. Pero quiero agradecerte algo que creo que todos los que nos conocimos y compartimos en esos años, estamos viviendo un renacer,  el volver a contactarnos entre nosotros, en volver a anhelar esos años que estábamos todos más juntos, ya quedamos en vernos, en hablar, nos unes ¿sabes?. Estoy deseando que logremos juntarnos para hablar de ti y de contarnos las antiguas historias. Te quiero lindo, en serio, sé que estas en un lugar mejor, tú alma es libre dejo este envase terrenal, ahora eres libre...-

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tú y yo tres metros sobre el cielo


En esta ansiedad que me dio por la lectura este último mes en el cual, como todo en mi vida se convierte en algo adictivo, me he leído casi diez libros, leo compulsivamente rápido y si el libro me logra atrapar se pone peor aún.

Dentro de todos los libros desde la Serie Vanir de Lena Valenti (seis espectaculares libros de amor no humano sino proveniente del mundo oculto de los vanir, berserkers y seres divinos luchan ante todo y superan todo por sus Kones o sus caraids); el reconocido y popular por estos días, el señor Grey (su amor algo atormentado que lo hace excitarse de maneras que no te gustaría leer con tú mamá al lado). Hasta que llegué a él, al señor italiano Federicco Moccia, con su libro "Tres metros sobre el cielo", no lo había oído pero una amiga me mencionó que viera la película titulada del mismo nombre y viendo en internet de que se trataba a ver si lograba convencerme de verla descubrí que era un libro y que además tenía una segunda parte que se llamaba "Tengo ganas de ti", ambos libros tenían ya estrenada sus películas años anteriores, de hecho la segunda parte se había estrenado recién el año que paso, que poco informada de mi parte, por lo que me dispuse a leer ambos libros antes de ver las películas haber si me sorprendía y me pasaba algo parecido como me paso con Harry Potter (No me da vergüenza admitirlo pero para quienes leyeron los libros saben que la película fue increíblemente similar en varios detalles), como sea, TRES METROS SOBRE EL CIELO, me hizo sentir como toda una adolescente enamorada nuevamente, ojo, les advierto, no esperen una crítica algo filosófica del libro porque la verdad solo soy una simple devoradora de libros de amor y otras cosas, la verdad que cuando comencé a leerlo me tenía un tanto cabreada que fuera muy localista al principio y me costaba un poco seguirle el hilo de lo que quería describir pero desenredando ese enrollo me encontré con él, con Step, su protagonista es más es quien cuenta la historia de cómo el chico rudo encuentra su talón de Aquiles en una niña de clase alta (típico) que era toda una buena niña de nombre Babi... sí Babi, y ambos se odian a muerte y luego se enamoran comenzando su primera historia de amor, ese amor adolescente que huye de los papas, que se ven restringidos por la constante supervisión de los mismos. ¡Vaya! el libro es sumamente simple al fin y al cabo, pero me transportó a lugares muy románticos a contemplar la felicidad de esos hormigueos en el estómago las llamadas "mariposas" y te eleva en lo que es un amor que lucha por no morir, te eleva allá donde están los enamorados ocultos para no ser molestados, ahí “Tres metros sobre el cielo”, una frase demasiado romántica que hace que el menos cursi toque justamente eso… el cielo. Pero como todo se ve enfrentado a muchas pero muchas cosas de las cuales entre las reflexiones de Step aparece justo una que abarca más que nada una filosofía de vida, que te enseña a disfrutar el ahora, por que de todo no me marcó solo el amor sino que frases que aparecían como para enseñarte por que disfrutar el hoy y el ahora como si fuera lo último, así que tomé un extracto que me gustó mucho para que lo lean:

“De repente te das cuenta de que todo ha terminado de verdad, ya no hay vuelta atrás, lo sientes y justo entonces intentas recordar en que momento comenzó todo y descubres que todo empezó antes de lo que pensabas, mucho antes, y es ahí, justo en ese momento, cuando te das cuenta de que las cosas solo ocurren una vez, y por mucho que te esfuerces ya nunca volverás a sentir lo mismo, ya nunca tendrás la sensación de estar a Tres metros sobre el cielo”




Luego vi la película, estuvo bien, o sea como no, ¡Dios! ¿Alguien ha visto a Mario Casas?, es Step, (bueno en la película es Hache) lo encarga a la perfección no hay otro mejor para el papel. La película no estaba mal, muy parecida al libro, salvo ya los últimos momentos, si por que hay una escena en particular que odie que hizo que todo lo bueno que iba la película se esfumara en un dos por tres, “Hache” (para mí siempre Step) en un minuto de rabia de desesperación abofetea la cara de su amada Babi… Como el libro que leí y la misma película es española me lo permito… ¡Pero qué Coñó!, el protagonista jamás pero jamás golpearía a una mujer quienes leyeron el libro lo saben, pero hay que sacarse la rabia de ese mini segundo por que empiezo a decirme “Vania sólo es basado en el libro de…” pero eso no cambio mucho mi opinión hasta que vi “TENGO GANAS DE TI” , que tiene escenas parecidas al libro pero al final es solo la escencia o sea “inspirado” aun así en ambos casos, su secuela, es mejor que la primera, en mi humilde opinión, salvo (en el caso del libro) por capítulos que describían el amor oculto del padre de Babi que jamás encontré relevante en nada a la historia puede haber sido una reseña y ya, pero le dio mucha importancia, pero quién soy yo para decirle a un escritor que se da muchas vuelta para llegar algún punto.

TENGO GANAS DE TI, una película para ver una tarde de cine o con una amiga comiendo helado, habla de encontrar nuevamente el amor o darse cuenta en donde estaba y donde no, explica en el fondo lo que se siente darse cuenta que muchas veces uno se enamora de lo “que fue”, no de lo “que es”, que al final uno hace como una especie de proyección de una persona o situación. Finalmente el discurso es parecido como queriendo dejarte en claro la vida de cómo es

“Es el síndrome del campamento de verano: Te vas de campamento y te lo pasas de puta madre, el mejor verano de tu vida, vuelves a casa y te tiras todo el año pensando en el próximo campamento... Y entonces llega, y todo ha cambiado, monitores, las chicas, los colores están raros, es un extraño ya... y caes. Los mejores años fueron eso. Los mejores. Y nunca se volverá a repetir”.

 Me gusto mucho, me divertí leyendo, reí y lloré (sí aun existimos personas que se emocionan hasta las lagrimas cuando leen). No les quiero contar mucho para no arruinarles las sorpresas de las películas o los libros no les contaré si fue un final feliz o no, porque eso lo decide cada quien. Pero si debo destacar que en demostrar amor este libro lo logró con creces. Leer en un puente camino al colegio algo que solo tú y él entienden, “TÚ Y YO 3MSC”, ó que se atreva a unirse a alguien a través de una leyenda que dice: “si una pareja decide unirse cierra un candado, lo deja atado al puente y luego tira la llave al agua, no habrá manera de que se vuelvan a separar”
Cursi o no, es amor del verdadero del que pocos tenemos la suerte de vivir y continuar viviendo, la imagen de acá lo demuestra fotos reales de gente real, esto es el puente Milvio en Roma, el lugar que los protagonistas del libro cuelgan su candado. Y para que no se diga que el amor no existe, millones de parejas cuelgan candados con su nombre y tiran las llaves al rio Tibet como símbolo del amor.



 Y estos de acá son quienes no están nada felices con las muestras de amor en los puentes...





martes, 19 de marzo de 2013

Cicatrices del alzheimer


A los 79 años fallece la actriz chilena Myriam Palacios, actriz chilena, quien padeció de alzheimer muchísimos años y estaba viendo por televisión diversos homenajes que se le están realizando, no he podido no emocionarme al verme obligada a recordar esa maldita enfermedad, mi abuela paterna la padeció yo era una niña pero tengo muchos recuerdos grabados fuertemente, recuerdos que los años no borraron, al vivir con ella me marcaron de por vida. Gracias a ella fue cuando por primera vez me di cuenta el enorme corazón que tenía de mi propia madre, que su amor era tan grande que no solo existía para su marido e hijas, aun recuerdo la mañana en que fue a ver a mi abuela al hogar de ancianos que estaba, vio que no estaba bien ahí y lo que hizo esa misma mañana sin esperar ni un minuto se la trajo a nuestra casa, y estuvo con nosotros hasta el último día de su vida.
Vivir con alguien con alzheimer, hace sentir el dolor de la persona que lo padece tan de cerca que te traspasa la pena y la angustia. Un recuerdo que me quedó de mi abuela muy firme, no fue el que olvidara mi nombre, no que derrepente despertaba a mitad de la noche llenando maletas por que se iba a ir a la playa con sus hijos pequeños o que tenia que tener la comida hecha para su marido que llegaba del trabajo, cuando el había fallecido ya, sino lo que me quedo fue una conversación que tuvo conmigo cuando yo tenia alrededor de 12 años. Recuerdo que una mañana fui a su habitación a decirle que estaba el desayuno listo, abrí la puerta y ahí estaba ella, sentada con un retrato de mi abuelo en la mano, la luz entraba por la ventana, había abierto las cortinas de par en par y miraba a través del vidrio el jardín de la casa. Vestía con un vestido de flores, manga corta, me miró con los ojos vidriosos, ojos que reflejaban años y años de historia, historias que una enfermedad se empeñaba en borrar, cuando me miró supe que me reconoció, llevaba un par de días llamándome enfermera o señorita, yo jamás quise decirle que no era así y que yo era su nieta para mi eso no era necesario. Y al verla tan melancólica me acerque y me senté a su lado, le pregunté que le pasaba, con la voz rasposa me dijo sin dejar de mirar la imagen que tenía en la mano, ”Me estoy volviendo loca, yo me doy cuenta, comenzó a llorar, traté de negárselo , de decirle que no era así, pero no me creyó, sabia que yo le mentía para no asustarla, pero continuo, - Hay días que no recuerdo cosas tan simples como donde esta mi chauchero o mi pañuelo, sé que no estoy bien, estoy loca-  repetía. Le tome la mano mientras lloraba y comenzó a suplicarle a mi abuelo fallecido que viniera por ella, que ya no quería estar sin él y que se la llevara, que ya no quería vivir así. Esa escena me marcó tanto, por que yo en mi visión de niña siempre pensé que ella no se daba cuenta de nada, siempre creí que la perdida de memoria aunque maldita, la protegería de no recordar la época más oscura de su enfermedad, pero no era así, tenía momentos en que su cabeza lograba transmitirle que algo no andaba bien, pienso en el miedo que debió sentir las mañanas que despertaba y no sabia quien era, y quienes estaban junto a ella. Hasta que una madrugada de octubre cerró sus ojos y se fue junto a mi abuelo, estaba en paz y lo reflejaba en su descansar, por debajo del dolor de su perdida estaba la tranquilidad, mi papá y mi mamá siempre que la recuerdan me dicen que fue afortunada ya que la enfermedad no llegó a las etapas más fuertes esas en que a las personas se les olvida comer o hasta respirar.
Mi abuela a fue una gran mujer, yo la amé mucho, dejó este mundo junto a dos de sus hijos, su nuera y dos de sus nietas, estaba arropadita y calentita en su cama mientras dormía.