Sencillamente caminaba sin rumbo por medio de una ciudad que dejaba caer a tempranas horas la noche, caminaba sin un rumbo fijo, solo por buscar la paz en medio de un mundo de asfalto y bocinazos. Me puse mis audífonos para escuchar la música que yo quería y simplemente seguir caminando con el frío en la cara, camine mucho más que una hora sin pensar en nada más que no fuera en mí y en lo que yo quería para mí. Y fue como arte de magia, el peso de mis hombros se fue, ya no sentía pesada la espalda y mientras escuchaba música comencé a mirar a mí alrededor y todo se veía más simple, más tranquilo, todo el mundo se veía al ritmo que yo quería, los fantasmas no estaban y solo me encontraba yo, tan ligera como una pluma.