Felipe Cruzat era un niño chileno de 11 años, necesitaba con urgencia un trasplante de corazón, pese a que fue conectado a un órgano artificial para alargar su vida, su condición no mejoró. Llevaba 93 días esperando un donante de corazón.
Su padre siempre recalcó lo luchador que era Felipe en los más difíciles momentos y se aferró a la vida hasta sus últimos días. Hoy todos nos enteramos que la lucha de Felipe llegó a su fin y ahora comienzan los cuestionamientos a nivel de país, en este minuto lo único que pasa por mi mente es que como puede ser que un país como Chile que se llena la boca hablando de lo generosos que somos cuando hay que soltar un billetito en la teletón o cuando la naturaleza nos muestra su fuerza, ¿entonces que pasó con Felipe?, ¿qué pasa con las miles de personas que esperan un donador de órganos?.
El caso de Felipe fue prioridad nacional por la enfermedad que lo aquejó, pero ¿cuantos felipes deberán morir a la corta edad de 11 años para que tú te des cuenta que: Lo importante no es nuestro cuerpo, una vez muerto, es nuestra alma...
Mientras tú lees esto hay una familia destruida y la esperanza que tenían muchos quienes esperan un órgano se va destruyendo.... tomemos conciencia.
MODIFIQUEMOS LA LEY DE LAS DONACIONES DE ÓRGANOS EN CHILE
¡Qué se respete nuestra voluntad y nuestro derecho hasta después de dejar este mundo!


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